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miércoles, 1 de agosto de 2018

Bendita y grandilocuente inocencia

De las muchas cosas que he aprendido en mi corta etapa adulta, una de ellas ha sido que dejamos de ser niños, infantiles, inocentes.

Durante tanto tiempo asimilando la cultura del beber con el botellón de la cual siempre he estado en contra, peor que por amistades siempre he acabado participando aunque fuera bebiendo gaseosa en la mayoría de las ocasiones, tengo que admitir que después jamás he querido salir de bares ni nada porque lo asociaba a la ingesta de alcohol.

Bastantes años después me di cuenta de que se puede beber cosas que no son alcohol y no las recordaba porque tenía tan interiorizado la cultura del alcoholismo como método de socializar, que he declinado casi siempre salir, obviamente las compañías son importantes y también se declina por ell@s; hace unos meses por una conocida, me hizo recordar que jamás se habían ido los batidos de chocolate, los zumos de botellín (los zumos naturales son muy caros), el mosto y la gaseosa (que por mi salud no me conviene).

He vuelto a apreciar el salir a tomar algo sin tener que ser alcohol, aunque sea con una o dos personas. Esto me recordó que cuando somos niños, disfrutamos con casi cualquier cosa sin preocuparnos de si ofende, de si hay tiquismiquis, de alegrarnos por la más mínima chorrada y eso es lo que le falta a los adultos, ser niños.






lunes, 30 de mayo de 2016

Perdido o no

Todos nos sentimos perdidos en algún momento, no sentimos que el lugar donde vivimos sea nuestro hogar. Sin deseo de tener más es la única manera en la que lograremos ser felices donde estamos.

(Obviamente en una situación normalizada).
Detenernos a pensar en lo que tenemos, lo bueno que tenemos y no lo que ojalá tuviéramos es la única forma de ser feliz. De disfrutar el aquí y ahora a pesar la de la "mierda" que haya alrededor.
Puede que no vivamos solos, pero tenemos techo; puede que no viajemos a ver las estrellas bajo las fronteras de otros países, pero tenemos estrellas para ver; puede que el clima sea lluvioso o caluroso y no tengamos el que nuestro cuerpo necesita para sentirse vigoroso aunque al menos tenemos un clima con el que poder salir y divertirnos... etc.

Tendemos a quejarnos de lo que no tenemos cuando son muchas cosas buenas las que hay al lado y cuando las perdemos nos quejamos por ello, ¿por no valorarlas y mantenerlas? Si dejáramos de desear e hiciéramos más, entonces seríamos felices. No se trata de conformismo, se trata de cubrir lo básico e ir mejorando, estemos donde estemos, la satisfacción son los pequeños instantes que vivimos, como una mirada, un orgasmo, un abrazo, ese "amor" con el que compartes lo anterior sin pensar en que haré dentro de un año o dos.

Si te sientes perdido/a o no, es cosa tuya; párate y valora lo que tienes alejando el deseo.
Disfruta. 


martes, 3 de noviembre de 2015

Curiosidad 1: distancia.

Es curioso el comportamiento humano es muchísimas situaciones, pero hoy lo llevo a plantear sobre la distancia.

¿Por qué cojones la gente se empeña en estar, querer a alguien lejano, cuando le da menos satisfacción que con quien está cerca?

¿Por qué narices a veces decidimos estar con alguien cercano pero que emocionalmente está a años luz de quien por vivir unos kilómetros más lejos nos hace sentir felices?

A qué viene esta gilipollez del ser humano en negarse la felicidad cuando es tan sencillo y poner siempre algún tiempo de distanciamiento.

La estupidez humana no tiene límites... o sí.