Soundcloud Kruzio Baal

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martes, 12 de abril de 2016

El animal

Sabes cuando te invaden unas ganas tan grandes de querer hacer alguna bestialidad? Cuando la parte más animal te llama a querer desgarrar algo, a destrozar, a aniquilar... pero que no lo haces porque sabes del valor de los objetos, flora y fauna, de las personas que sentirían dolor por ser allegad@s.

Tengo unas ganas increíbles que no caben dentro de mi por hacer una brutalidad que me asusto de mi mismo. Sé que mi parte racional, educada, jamás va a dejar salir a ese animal que llevo dentro, pero me pregunto hasta que punto no dejo que la rabia e ira que llevo acumuladas no salgan y me dejen en paz.

Soy consciente de lo que escribo, de lo que siento, de lo que percibo y me carga mucho la actitud de las personas que tengo cerca. A veces estaría bien no saber ciertas cosas.


viernes, 18 de marzo de 2016

El grito de una Duende

No sé qué hacer, solo siento angustia, pena, frustración, incertidumbre, porque nada depende de esta pequeña bichita verde.

Siempre he querido poder caminar por doquier sin temor, sin tener que pensar en quien estará acechando, en quien me apuñalará por detrás, siempre he querido creer que los otros duendes no son como las personas, sí, la raza humana. He idealizado que en muchas ocasiones nadie me guardará un secretito de esos de los que si se saben ardería el poblado, o al menos su pelo, si no está calvo o calva.

Dentro de mi cerca me sentía seguro, en mi rinconcito, triste porque estaba solita, pero después de comenzar a salir a comprar las verduras (vale, a cortar las raíces de las hortalizas de los humanos), comencé a hablar con un duende muy inteligente y listo, me encantaba su forma de mirarme, de incitarme a salir más y compartir.

Unas semanas después me dijo que tendría que marcharse, pero que volvería al de poco, que no se dejaría engatusar por ninguna duende, creí en su palabra. Al volver noté cosas diferentes hasta que al final supe lo que quería esconde y se acabó todo.

Volví a mi rinconcito, allí donde me siento sola aunque con el corazón más calmado, pensando en que un día arderá en las llamas de un caldero o se tropezará con un animal y le cortará las orejas.

Volví a mi rinconcito, allí donde paso las horas creyendo que estoy con otros duendes por el teléfono (sí, los duendes tenemos internet), sin esperanza y en cólera.